Texto y fotografías de Jesús López Angulo
En la última década, los deportes de montaña, especialmente el trail running y el senderismo, han experimentado un crecimiento notable. Las carreras de trail, por ejemplo, han aumentado más de un 230%, situando a España entre los países donde esta práctica se ha expandido con mayor intensidad. Este auge genera una presión creciente sobre los ecosistemas de alta montaña, caracterizados por su fragilidad y por albergar una elevada diversidad de especies vegetales, muchas de ellas endémicas. El uso generalizado de plataformas digitales para compartir la actividad deportiva proporciona grandes volúmenes de información que permiten estimar con precisión la intensidad de uso del territorio. Gracias a estos datos, es posible identificar no solo los senderos más transitados, sino también aquellas zonas fuera de los caminos que los deportistas utilizan con frecuencia, incluyendo áreas sensibles que no deberían verse impactadas. Esto plantea preguntas clave: ¿cómo está afectando esta actividad recreativa, especialmente fuera de los senderos, a la vegetación de alta montaña?
Estas cuestiones se han abordado en el proyecto ECORUN. Para ello, se realizaron muestreos de vegetación en 50 sitios, evaluando un total de 180 cuadrados de 2m² tanto en el Sistema Central como en los Pirineos. Los resultados muestran que las salidas de pista impactan directamente en la vegetación de alta montaña en ambos sistemas. En Guadarrama, la riqueza de especies disminuye un 14% y la cobertura vegetal un 33% en las zonas más afectadas. En los Pirineos, los efectos son más pronunciados, con una reducción del 23% en la riqueza de especies y del 40% en la cobertura vegetal. Además, la pérdida de especies va acompañada de cambios en la composición florística. Algunas especies muestran alta sensibilidad al pisoteo, mientras que otras, como Paronychia polygonifolia, parecen beneficiarse de estas condiciones. Estos resultados preliminares destacan la importancia de integrar la información digital sobre el uso recreativo con el monitoreo ecológico para orientar la gestión de áreas protegidas. Identificar zonas críticas y especies más vulnerables permite priorizar acciones de conservación, como la señalización de senderos, la restauración de áreas degradadas y la educación ambiental.
Este trabajo se desarrolló gracias a la convocatoria de proyectos para contratados posdoctorales financiado por el Instituto de Investigación en Cambio Global (IICG) de la Universidad Rey Juan Carlos.
