Texto y fotografía de Estrella Conde Raposo

El pasado sábado 21 de marzo se conmemoró el día Internacional de los Bosques y en este post queremos hacer homenaje a los bosques presentando los resultados de un artículo científico publicado recientemente por investigadores del Instituto de Investigación en Cambio Global (IICG‑URJC). Esperamos que lo disfrutéis:

En la Península Ibérica, donde la restauración forestal ha sido una constante durante el último siglo, surge una pregunta crucial: ¿permiten las plantaciones recuperar los niveles de biodiversidad que tienen los bosques maduros? Una investigación del IICG‑URJC explora esta pregunta en ambientes mediterráneos desde la perspectiva de un grupo clave de organismos: las hormigas. Según los resultados, en las plantaciones abundan especies generalistas, mientras que en los bosques maduros se concentran especies asociadas a ambientes forestales.

El trabajo, publicado en Forest Ecology and Management, analiza 45 bosques de Madrid y Castilla‑La Mancha, incluyendo plantaciones de distintas edades, algunas con más de cien años y bosques maduros bien conservados. Los investigadores examinaron la composición y diversidad de las comunidades de hormigas, consideradas bioindicadoras por su sensibilidad a los cambios estructurales del hábitat y su rol en el funcionamiento del ecosistema. Este estudio revela que las plantaciones, aunque permiten recuperar el número de especies, no muestran una evolución hacia la comunidad típica de los bosques maduros, incluso pasado un siglo desde su establecimiento. “No solo importa cuántas especies hay, sino qué especies son y qué papel tienen en el ecosistema”, explica la primera autora del artículo, Estrella Conde Raposo, investigadora del IICG-URJC.

Más allá de la comparación entre tipos de bosque, el estudio confirma que la estructura forestal es determinante. La altura media y la variación en grosor de los árboles condicionan la presencia de especies forestales. Estos atributos son más frecuentes en bosques maduros, lo que explica su capacidad para sostener comunidades más diversas y funcionalmente ricas. La pérdida global de bosques maduros desde finales del siglo pasado hace aún más relevante los resultados del estudio, que evidencian que estos ecosistemas no son fácilmente reemplazables. Proteger los que aún persisten y, a la vez, orientar la gestión de las plantaciones hacia estructuras más diversas es clave para que estos pinares puedan llegar a ofrecer refugio a las especies forestales que caracterizan a las comunidades de hormigas de los bosques bien conservados.

El trabajo forma parte del proyecto BioForest, liderado por el IICG‑URJC y apoyado por la Fundación Biodiversidad del MITECO, dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU. Uno de los objetivos del proyecto es identificar qué rasgos estructurales y ecológicos deben fomentarse para que las restauraciones forestales sean más eficaces. Además, también pone de relieve la importancia de incorporar indicadores florísticos y faunísticos en la evaluación del éxito restaurador, ya que revelan aspectos ecológicos clave.

Referencia: 

Conde-Raposo, E., Azcárate, F.M., López-Angulo, J., Jiménez-López, F.J., Pescador, D.S., Calvo-Donate, V., Rojo-Valencia, M., Navas-Golmar, N., Escudero, A., García-Cervigón, A.I. (2026). The value of old pine plantations in ants’ conservation in the Mediterranean: a comparison with well-conserved forests. Forest Ecology and Management, 606, 123556. https://doi.org/10.1016/j.foreco.2026.123556