Cada 5 de junio, el Día Mundial del Medio Ambiente nos invita a evaluar las estrategias científicas destinadas a su conservación. En lo que respecta a la preservación de la biodiversidad, los bancos de semillas juegan un papel clave para la seguridad alimentaria y la agricultura. En el escenario contemporáneo de crisis climática global, los bancos de germoplasma han dejado de ser meros almacenes botánicos para consolidarse como infraestructuras estratégicas de seguridad; actúan como la última línea de defensa biológica, albergando el material genético (semillas, esporas, tejidos o polen) de comunidades vegetales de cualquier parte del mundo y cultivos esenciales capaces de restituir la vida y la soberanía alimentaria del planeta. 

A escala global, el máximo exponente de esta red de protección es la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, ubicada en la remota isla ártica de Spitsbergen (Noruega). Reconocido recientemente con el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional 2026, el Banco de Semillas almacena duplicados (copias de seguridad) de muestras de semillas de las colecciones de cultivos del mundo como medida de protección contra pérdidas catastróficas, manteniendo los países de origen la propiedad de su material genético. Esta bóveda hace las veces de fortaleza al estar excavada a 120 metros de profundidad y a 130 sobre el nivel del mar, características que aseguran la estabilidad de las condiciones necesarias para preservar el material, incluso ante posibles escenarios de deshielo polar. Para la conservación óptima de las semillas se requiere una temperatura de -18 °C; el permafrost y la gruesa capa de roca de la zona en la que está construida la Bóveda garantizan, de forma natural (sin necesidad de consumo eléctrico) que las muestras permanezcan congeladas.  

La estrategia global de conservación de material genético vegetal se replica a nivel regional en España mediante redes de centros de investigación asociados. Un ejemplo de ello es el Banco de Germoplasma del Instituto de Investigación en Cambio Global de la Universidad Rey Juan Carlos (IICG-URJC), dirigido desde 2008 por el investigador del IICG-URJC José María Iriondo Alegría. Este banco custodia actualmente 560 especies mediante metodologías de conservación ex situ. Para ahondar en la importancia de estas infraestructuras de conservación y su interacción recomendamos escuchar la reciente entrevista a Alfredo García Fernández, también investigador del IICG-URJCen el programa A golpe de bit de Radio Nacional de España (RNE), donde visibilizó  la aportación de la ciencia española a la red mundial, que incluye la transferencia a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard de cerca de 470 variedades agrícolas y plantas silvestres autóctonas, entre las que se encuentran diferentes variedades de olivo.  

El Banco de Germoplasma del IICG-URJC conserva y gestiona dos grandes colecciones biológicas: Alta Montaña (altamente vulnerable al calentamiento global) y Semiárida (adaptada a condiciones de estrés hídrico severo), preservando la resiliencia genética de la flora autóctona frente a factores de estrés ambiental como el calor, la salinidad y el frío extremo.  

El valor estratégico de la red global de germoplasma se puso a prueba en el colapso del banco regional de semillas de Alepo debido a la guerra civil en Siria, donde se perdieron colecciones fitogenéticas irreemplazables del Medio Oriente. Gracias a los duplicados guardados en la bóveda ártica de Svalbard, en 2015 los investigadores del Centro Internacional de Investigación Agrícola en las Zonas Secas (ICARDA por sus siglas en inglés: International Center for Agricultural Research in the Dry Areas) pudieron realizar el primer retiro oficial de semillas de la historia; muestras de trigo, cebada, lentejas y garbanzos se replicaron en el Líbano y Marruecos, logrando reconstruir el banco perdido, devolviendo los recursos a los agricultores locales y salvando así un eslabón crítico de la seguridad alimentaria. 

Por otro lado, los bancos de germoplasma también hacen frente a las catástrofes y al impacto de la agroindustria intensiva; combaten tres grandes riesgos ecológicos: la contaminación cruzada de variedades tradicionales puras, la introducción de semillas híbridas o estériles que rompen los ciclos agrícolas y el desplazamiento de cultivos locales adaptados de forma natural a plagas y sequías. 

Por todo ello conmemoramos el Día Mundial del Medio Ambiente resaltando la importancia de los bancos de germoplasma; una evidencia de que centros de investigación como el IICG-URJC ayudan a la preservación y estudio de tejidos vegetales y custodian el mapa evolutivo y la memoria ecológica de la Tierra como salvaguarda indispensable para intentar dejar en herencia un mundo habitable a futuras generaciones.