Fotografía: banco imágenes IICG

Cada 1 de noviembre se celebra el Día Mundial de la Ecología, una fecha dedicada a reconocer la importancia de comprender las interacciones que hacen posible la vida en nuestro planeta. La ecología no solo estudia a los seres vivos por separado, sino las relaciones que los conectan entre sí y con su entorno. Y esas conexiones son más profundas —e invisibles— de lo que imaginamos.

Cuando caminamos por un bosque, solemos fijarnos en los árboles, en sus hojas o en el agua que fluye por un río cercano. Sin embargo, rara vez pensamos en lo que ocurre bajo nuestros pies: raíces y hongos microscópicos se entrelazan formando una red subterránea capaz de intercambiar agua, nutrientes e información química entre los árboles. Esta red recibe el nombre de Wood Wide Web, o en español, la red subterránea del bosque. A través de ella, los árboles cooperan para sobrevivir, especialmente en ambientes donde los recursos son limitados.

En el Instituto de Investigación en Cambio Global de la Universidad Rey Juan Carlos (IICG-URJC) estudiamos cómo funcionan estas conexiones en ecosistemas mediterráneos semiáridos, donde las plantas conviven con la sequía y distintas formas de estrés ambiental.

Un equipo internacional liderado por científicos de la IICG-URJC ha desvelado los factores ecológicos que determinan la distribución de hongos micorrícicos arbusculares en estos matorrales. Estos hongos, esenciales para la absorción de agua y nutrientes por las plantas, son clave para la resiliencia de los ecosistemas secos.

El estudio, titulado Ecological drivers of fine-scale distribution of arbuscular mycorrhizal fungi in a semiarid Mediterranean scrubland y publicado en Annals of Botany, combinó técnicas de secuenciación de ADN y muestreo espacial detallado para analizar la diversidad y composición de las comunidades de hongos micorrícicos arbusculares y de plantas, tanto sobre el suelo como en las raíces.

Los resultados muestran que la vegetación visible es un buen indicador de las asociaciones micorrícicas, aunque las raíces y las propiedades fisicoquímicas del suelo también influyen de manera significativa. Además, se identificó una señal filogenética en las asociaciones entre plantas y hongos, lo que sugiere que especies emparentadas tienden a vincularse con hongos similares. Este hallazgo aporta nuevas pistas sobre los mecanismos evolutivos que rigen estas simbiosis. El trabajo destaca la importancia de considerar simultáneamente la vegetación aérea, las raíces y el suelo para comprender y predecir la estructura de las comunidades de hongo micorrícicos arbusculares, fundamentales para la salud de los ecosistemas secos.

Estos hallazgos se ven reforzados por la tesis doctoral de Angela Illuminati (2022), desarrollada en la URJC, que demuestra que los rasgos funcionales de las raíces y las estrategias de uso de nutrientes están estrechamente ligados a las asociaciones micorrícicas. Su investigación revela que las plantas con estrategias más adquisitivas —es decir, aquellas que invierten en crecimiento rápido y absorción eficiente de recursos— tienden a establecer relaciones micorrícicas más activas. Estos vínculos influyen no solo en el desarrollo de las plantas juveniles, sino también en la estructura y dinámica de las comunidades vegetales en ecosistemas áridos.

Así, comprender lo que ocurre bajo tierra se vuelve esencial para anticipar cómo evolucionan los ecosistemas ante condiciones ambientales cada vez más extremas.

En el día Mundial de la Ecología desde el IICG-URJC, invitamos a reconocer el valor que sostienen estas conexiones invisibles que sostienen la vida en nuestro planeta. Porque la vida prospera cuando está conectada.