En este Día Internacional de la Diversidad Biológica, miremos hacia la corteza, el suelo y las copas de los árboles. Un bosque no es solo una colección de árboles, sino un entramado complejo de vida que requiere siglos para madurar. Celebramos este día para recordar que la biodiversidad es nuestro verdadero seguro de vida; protegerla no es una opción, sino la única garantía para asegurar un futuro resiliente y funcional ante el cambio global. Mantener esta riqueza no es solo una tarea científica, es un compromiso ético con la vida en todas sus formas; porque cada especie que logramos conservar es un hilo más que fortalece el tejido que nos sostiene a todos.  

 El lenguaje secreto de los líquenes 

Los líquenes y briófitos epífitos desempeñan funciones clave en los ecosistemas contribuyendo al ciclo de nutrientes, acumulando biomasa y proporcionando alimento y refugio a una infinidad de organismos; además, actúan como “sensores de estrés climático”. Aunque están presentes en casi todos los ambientes, es en los bosques maduros donde alcanzan una mayor diversidad y especialización. Esto se debe a su elevada heterogeneidad estructural, que proporciona una gran variedad de nichos, como fisuras profundas en la corteza, superficies rugosas, madera muerta, oquedades, zonas descortezadas, ramas envejecidas y una compleja estratificación vertical que genera microclimas más estables.  Estas condiciones permiten la existencia de especies de sucesión tardía y especialistas, como los géneros Calicium o Chaenotheca, prácticamente ausentes en las reforestaciones jóvenes, como demuestra el reciente estudio de Gregorio Aragón, Ana Isabel García-Cervigón, Adrián Escudero e Isabel Martínez, investigadores del IICG-URJC.

El error de desestimar al «árbol viejo» 

A menudo priorizamos plantaciones jóvenes por su rápido crecimiento, pero la ciencia advierte: incluso las reforestaciones con más de un siglo de historia son  aún estructuras simplificadas que no replican la complejidad de un bosque viejo. Los bosques maduros, los árboles viejos, son reservorios de biodiversidad necesarios para mantener la biodiversidad. 

Los líquenes y bosques maduros como cimientos de la biodiversidad 

La verdadera riqueza de nuestros bosques mediterráneos se mide en su diversidad y en la variedad de interacciones que ocurren en su seno. Un bosque maduro, vestido de líquenes, deja de ser una simple agrupación de madera para convertirse en un motor de biodiversidad. Este mensaje se suma al de trabajos previos con hormigas y aves dentro del proyecto BioFoRest, en el que se comparaban los atributos de rodales de bosque maduro y plantaciones.  

Este “Día Internacional de la Diversidad Biológica” nos invita a entender que restaurar el bosque es mucho más que plantar árboles, es en realidad, recuperar múltiples grupos de organismos y sus complejas interacciones para recuperar una infraestructura vital.  

Referencias de interés: 

    • Aragón, G., García-Cervigón, A. I., Escudero, A., & Martínez, I. (2026). Beyond tree planting: The critical role of Mediterranean mature pine forests for epiphyte biodiversity. Forest Ecology and Management611(123723), 123723. https://doi.org/10.1016/j.foreco.2026.123723 
    • Conde, E., García-García, A., & Arnan, X. (2022). The value of old pine plantations in ants’ conservation in the Mediterranean: a comparison with well-conserved forests. Journal for Nature Conservation68, 126225. https://doi.org/10.1016/j.jnc.2022.126225 
    • López-Angulo, J., Conde-Raposo, E., Rojo-Valencia, M., Calvo-Donate, V., Martínez, I., Escudero, A., & García-Cervigón, A. I. (2025). Key structural attributes of Mediterranean reforestations for avian diversity conservation: comparisons with mature forests. Journal of Environmental Management394(127542), 127542. https://doi.org/10.1016/j.jenvman.2025.127542