Texto y fotografía de Francisco Javier Jiménez López
Cuando se habla de cambio global, normalmente se piensa en el aumento de las temperaturas, pero existen otros factores ambientales menos evidentes que también están cambiando, como la radiación ultravioleta (UV). En las últimas décadas, en España y en la región mediterránea se ha registrado un aumento sostenido de este tipo de radiación, asociado a cambios en la atmósfera, como la variación en los aerosoles y en la nubosidad. Este incremento puede tener efectos importantes sobre las plantas, especialmente durante la reproducción, una etapa clave para la supervivencia de las especies.
Las flores no solo cumplen la función de atraer a los polinizadores. También protegen estructuras muy sensibles, como el polen y los óvulos, frente a condiciones ambientales adversas. Muchas plantas presentan pigmentos y patrones florales que absorben la radiación UV, invisibles para el ojo humano pero perceptibles para los insectos. Estos rasgos pueden actuar como una barrera protectora frente al exceso de radiación y, al mismo tiempo, influir en la relación entre plantas y polinizadores.
Para comprender mejor cómo responden las plantas a un aumento de la radiación UV, se realizó un experimento con dos especies anuales comunes en ambientes mediterráneos, Lysimachia arvensis y L. loeflingii. El estudio incluyó cerca de 900 plantas procedentes de distintas poblaciones naturales, que se expusieron a diferentes niveles de radiación UV en condiciones controladas. A lo largo del experimento se analizó cómo cambiaban el crecimiento de las plantas, el tamaño y la forma de las flores, la producción de frutos y semillas, y la presencia de pigmentos protectores en hojas y flores.
Los resultados muestran un patrón claro: cuando la radiación UV aumenta, las plantas crecen menos y producen menos biomasa. Además, tienden a florecer antes, especialmente L. loeflingii, lo que podría interpretarse como una estrategia para completar su ciclo vital rápidamente en un entorno más estresante. Las flores también se ven afectadas, ya que se vuelven más pequeñas y dan lugar a menos frutos y semillas. A esto se suma una reducción en las visitas de los polinizadores, lo que sugiere que los cambios inducidos por la radiación UV no mejoran la atracción de las flores, sino que pueden dificultar la interacción planta–polinizador.
Frente a estos efectos negativos, las plantas activan mecanismos de defensa, como el aumento de pigmentos capaces de absorber la radiación UV. Estos compuestos ayudan a proteger los tejidos reproductivos más sensibles, pero, al menos en estas especies y bajo las condiciones del experimento, no logran compensar por completo la pérdida de crecimiento y de éxito reproductivo.
Este trabajo se desarrolló gracias a la convocatoria de proyectos para contratados posdoctorales financiado por el Instituto de Investigación en Cambio Global (IICG) de la Universidad Rey Juan Carlos, lo que ha permitido avanzar en la comprensión de cómo las plantas mediterráneas pueden responder a los cambios ambientales actuales y futuros. Conocer estos procesos es fundamental para anticipar cómo el cambio global podría afectar a la biodiversidad y al funcionamiento de los ecosistemas en los próximos años.
