Fotografía y texto: Carlos Lara Romero.
El pasado 20 de abril de 2026 se publicó el artículo «Adaptive value of marginal populations: integrating selective signals, neutral processes and temporal scales» en la revista Heredity, en el cual Carlos Lara Romero, José María Iriondo Alegría y Alfredo García Fernández son coautores y miembros del equipo investigador del IICG. Con ese motivo, el blog de la revista publicó un post escrito por el propio Carlos Lara Romero. Desde aquí hemos querido compartirlo con todos vosotros porque nos parece muy interesante:
Punto de partida: antes de la ruptura
La historia de la planta alpina Silene ciliata, que publicamos en nuestro artículo de la revista Heredity, comienza hace unos 30 000 años, justo antes de que la última gran glaciación helara el planeta. En aquella época, las poblaciones de Silene ciliata en el Sistema Central, cordillera montañosa situada en el centro de la Península Ibérica, estaban conectadas a lo largo del gradiente altitudinal de sus montañas, lo que las confería continuidad ecológica y genética.
Mi aprendizaje comenzó en 2013, con una mochila, un cuaderno y la ingenua sensación de estar al principio de un proyecto manejable. En julio de ese año, junto a integrantes del Instituto de Investigación en Cambio Global de la Universidad Rey Juan Carlos (IICG-URJC) remonté con ilusión las principales montañas del Sistema Central para recoger semillas de Silene ciliata y comenzar una investigación que duraría varios años. Nuestro objetivo era comprender el valor adaptativo frente al cambio climático de poblaciones de esta especie, localizadas en diferentes puntos de las montañas. Sin embargo, sin saberlo, iba a comenzar a transitar un camino de emociones que me ayudarían a comprenderme mejor a mí mismo y a mi profesión de investigador.
Imágen 1. Detalle de la flor de Silene ciliata. El nombre del género, de origen mitológico o griego, hace referencia a sus cálices hinchados, mientras que el epíteto latino ciliata describe la presencia de pelos en los bordes de sus hojas. Autor: Javier Morente López.
La ruptura: el Último Máximo Glacial.
En el año 2015, me adentré en un territorio científico que apenas había explorado hasta entonces. Era un campo nuevo para mí, lo que inevitablemente me generaba dudas y cierto miedo ante lo desconocido. En ese momento, secuenciamos el ADN, es decir, la información genética, de las plantas que habíamos recolectado previamente en las montañas. Gracias a esta información genética, conseguimos algo extraordinario: viajar más de 20 000 años atrás en el tiempo. No utilizamos una máquina del tiempo, sino una herramienta científica llamada modelos demográficos de coalescencia. Estos modelos permiten reconstruir la historia de las poblaciones (animales, plantas o microorganismos) a partir de su ADN, y revelan cómo eran en el pasado, cómo cambiaron con el tiempo y cómo llegaron a ser lo que son hoy.
El culmen del Último Máximo Glacial se sitúa aproximadamente entre 21 000 y 22 000 años en el pasado. En ese momento, grandes mantos de hielo cubrían extensas zonas de Norteamérica y Europa. El nivel del mar estaba a 100 metros por debajo del actual y las temperaturas medias globales eran entre 6 y 8 °C más frías que en la actualidad. El resultado fue un paisaje hostil que obligó a las poblaciones de Silene ciliata a separarse en dos trayectorias distintas. Algunas poblaciones descendieron de las montañas en busca de condiciones climáticas más tolerables, mientras que otras lograron sobrevivir en las cumbres, aprovechando microclimas locales más benignos que el entorno circundante, conocidos como microrefugios glaciales. Esta ruptura tuvo profundas consecuencias demográficas y evolutivas: un aislamiento extremo entre grupos, una notable reducción del tamaño de las poblaciones (lo que se conoce como cuello de botella) y el inicio de trayectorias evolutivas divergentes.
La espera en el hielo: persistencia y aislamiento.
Durante varios milenios el clima continuó siendo extremadamente frío y estable. Las poblaciones permanecen ecológicamente atrapadas en sus refugios y los procesos evolutivos continúan invisibles bajo condiciones extremas. En los microrefugios de las cumbres, las poblaciones son pequeñas y están aisladas. Nuestros análisis genéticos indican que acumularon selección positiva bajo una presión selectiva constante. Las poblaciones que migraron siguiendo su clima disfrutaron de mayor estabilidad demográfica y conservaron una buena salud genética.
Volviendo a nuestro tiempo presente, en el periodo comprendido entre 2015 y 2018 nada parecía estar ocurriendo. Era como si nuestra investigación también estuviera sepultada bajo el hielo, a la espera de avanzar. Sin embargo, entre contrato postdoctoral y contrato postdoctoral, continué avanzando junto a mis compañeros del IICG y, con la colaboración de Santiago González-Martínez del INRAE francés, en el análisis de la información genética de las poblaciones de Silene. Fue un trabajo largo sin resultados visibles inmediatos. La curiosidad y las ganas de superación ante un reto mayúsculo trataban de compensar la angustia a no cumplir las expectativas.
El cambio de rumbo: expansión y nuevos comienzos.
Hace aproximadamente 17 000 años, comienza un deshielo progresivo y un aumento de las temperaturas en el planeta que permite la retirada de los glaciares y la rápida creación de hábitats alpinos libres de hielo. En este momento, el mundo vuelve a abrirse: las poblaciones que migraron a zonas bajas comienzan a colonizar las montañas de forma escalonada. Este proceso da lugar al nacimiento de nuevas poblaciones a partir de muy pocos individuos, un fenómeno conocido como “efecto fundador”. Surge cuando una población se origina a partir de muy pocos individuos y, por pura casualidad, su ADN queda empobrecido y sesgado desde el principio, lo que marca su evolución futura.
El contacto secundario entre los dos grupos de poblaciones que se aislaron durante las glaciaciones podría ubicarse hace unos 10 000 años, en el Holoceno temprano–medio, un periodo que trajo consigo un clima relativamente estable y cálido2. A partir de entonces, se fue generando gradualmente la configuración altitudinal actual de las poblaciones de Silene ciliata. Como en tantos otros procesos largos, hubo intentos fallidos de individuos de Silene que dieron origen a nuevas poblaciones que finalmente no se establecieron. Intentos caídos en el olvido del tiempo.
Nuestro recorrido científico parecía estar sometido a las mismas leyes que estudiábamos. Llenos de incertidumbre, en 2022 iniciamos nuestro proceso particular de conquista académica. La meta era publicar nuestros descubrimientos sobre Silene ciliata en una revista científica de prestigio. Durante varios años, realizamos varios intentos fallidos en revistas diferentes, acompañados de sus correspondientes procesos de revisión y rechazos. En la mayoría de las revistas encontramos revisiones y editores honestos y eficientes. Sin embargo, hubo alguna excepción que primero me llenó de tristeza, después de rabia y, por último, de resignación. No obstante, fuimos resilientes y finalmente encontramos en la revista Heredity el lugar perfecto para la historia de Silene ciliata y las montañas que la albergan.
Imagen 2. Vista general del macizo central de la sierra de Gredos, donde se ubica el punto más alto del Sistema Central: el pico Almanzor, con 2 591 metros sobre el nivel del mar. Autor: Javier Morente López
La lección del tiempo: mirar atrás para ver el mañana.
Cuando iniciamos nuestra investigación, hace casi 15 años, interpretábamos el sistema desde el presente: el cambio climático amenaza las poblaciones de Silene ciliata ubicadas en las zonas bajas, mientras que las de las cumbres gozan de mejor salud y fortaleza. La ignorancia de las personas es atrevida y decidimos llamar “marginales” a las primeras y “óptimas” a las segundas. No habíamos considerado que la evolución opera a escalas de miles de generaciones. Las constricciones impuestas por hielo siguen dejando huella hoy. Lo que hoy vemos coexistiendo en una misma montaña tiene 25.000 años de historia detrás. Nuestros análisis de diversidad genética indican que lo que llamamos “marginal” goza en realidad de buena salud desde un punto de vista genético. Su tendencia actual a la extinción se debe a que un nuevo cambio climático acelerado las está sometiendo a nuevas presiones selectivas. En definitiva, han surgido nuevas amenazas y oportunidades que las poblaciones de Silene del Sistema Central deben afrontar. Es probable que muchas de las poblaciones situadas a baja altitud se extingan; un hecho paradójico, ya que son el reservorio genético adaptado a condiciones más cálidas que podría salvar a las poblaciones de las cumbres3,4. Perderlas sería catastrófico, ya que estaríamos tirando las llaves de la adaptación al calor justo cuando las poblaciones de las zonas altas más las necesitan.
Estamos siendo testigos de un nuevo viaje evolutivo. Como siempre, se desarrollará a escalas temporales que superan una generación humana. No estaremos aquí para verlo. Durante este tiempo, he aprendido mucho sobre evolución genética, pero también ha sido un aprendizaje sobre el valor del pensamiento a largo plazo, de la espera, de la perseverancia y de la importancia de las emociones durante el proceso. Para Silene ciliata, todo lo que hemos estudiado ocurrió en los últimos momentos de su historia. Para mí, ha ocupado un tercio de mi vida. Estos días estoy leyendo el libro “The Good Ancestor” de Roman Krznaric5, que aboga por aplicar un pensamiento a largo plazo como contraposición a la búsqueda de recompensas rápidas que está tan extendida hoy en día. Los retos climáticos y sociales a los que nos enfrentamos invitan a hacerle caso. Hoy estamos cambiando el clima más rápido que en la era de hielo que separó las poblaciones de Silene ciliata durante milenios.
Referencias
- Lara-Romero, C; Iriondo, J. M; García-Fernández, A; Morente-López, J; Sacristán-Bajo, S; González-Martínez, SC. 2026. Adaptive value of marginal populations: integrating selective signals, neutral processes and temporal scales. Heredity, 1-14. https://doi.org/10.1038/s41437-026-00844-7
- Boxleitner, M; Musso, A; Waroszewski, J et al. Late Pleistocene – Holocene surface processes and landscape evolution in the central Swiss Alps. Geomorphology, 295, 306-322. https://doi.org/10.1016/j.geomorph.2017.07.006
- Morente-López, J; Lara-Romero, C; Garcia-Fernádez, A; Rubio-Teso, ML; Prieto-Benítez, S; Iriondo, JM. 2021. Gene flow effects on populations inhabiting marginal areas: origin matters. Journal of Ecology, 109: 139-153. https://doi.org/10.1111/1365-2745.13455
- Sacristán-Bajo, S; Lara-Romero, C; García-Fernández, A; Prieto-Benitez, S; Morente-López, J; Rubio Teso ML; Torres, E; Iriondo, JM. 2025. Assisted gene flow management to climate change in the annual legume Lupinus angustifolius: from phenotype to genotype. Evolutionary Applications,18, e70087. https://doi.org/10.1111/eva.70087
- Krznaric, R. The Good Ancestor: How to Think Long Term in a Short‑Term World. London, UK: WH Allen (Ebury Publishing), 2020.
